-¡Venga Don, mire el homenaje que le hemos hecho!¡Llore por favor!¡Llore! Muérase en este homenaje, ¡denos el gusto!
-Es que no puedo más... tengo 90 años -solloza el anciano-
-Vamos, que le cuesta, muérase aquí, en el jardín que lo vio crecer. No lo haga en el próximo homenaje que es en la casa del obstetra que lo trajo al mundo; aquí Ud. pasó su infancia.
-¡Pero todavía no es mi hora, arpías! -el viejo lagrimea-
-¡¡Miren!!¡¡Le cae una lágrima!! Misión cumplida.
¡Niños y ancianos primero! Grito incolumne que sigue firme la TV local.

Cuando uno observa el amplio muestreo de protopederastas que se pavonea por nuestra pantalla o los ejemplificados asesinos melancólicos uno no puede dejar de pensar en lo bajo que es ese mundillo y no puede no referirse a personajes como Santo Biasati, Tinelli o el mismo Maradona.
El motivo de lo escrito viene justamente a raíz de esto. Mi teoría es que el Diez conjuga perfectamente su megalomanía con su odio al padre, quien recordemos le pegaba. ¿Qué mejor que hacer cambiar al anciano la guitarra por el arpa en tu propio programa? Como en las canchas, el Diego nos está sorprendiendo con otra jugada magistral y mostrándole a los productores-Pelés incrédulos de la tele cómo se hace raiting en serio.
(En la foto, Sábato aguanta a pesar de los gritos de los escolares que a coro vociferaban "¡qué se muera, qué se muera, olé olé", un encanto)